El cuaderno vacío de Mamoudou

18 de abril de 2015

Mamoudou nació en 1952 en Niamey, la capital de Níger. En noviembre de 1977, con 25 años, partió al norte de su país para trabajar en las minas de uranio, mineral del que Níger es muy muy rico. Mamoudou estuvo trabajando allí hasta febrero de 2002 cuando, por fin, le dejaron irse. Ya había solicitado en otras dos ocasiones terminar de trabajar allí, sabía que no se encontraba bien de salud y que se debía a la radiactividad y toxicidad del uranio. Pero en aquellas dos ocasiones le negaron irse, aun sabiendo los jefes los problemas que causa el uranio y el malestar que él sentía.

Cuando Mamoudou me contaba que no le dejaban no lo entendía bien. “¿Por qué no te fuiste sin el permiso de nadie?” Le pregunté. ¿Quiénes son ellos para decirte si te quedas o te vas? ¡No eres un esclavo!, pensé. La diferencia está en que si pides permiso y te lo dan te vas con con unas “ventajas”. Si desertas no hay tales ventajas. ¿Qué ventajas son las que le prometerían a Mamoudou para que no se fuera de aquel lugar? Me cuenta que un seguro médico para él y su familia durante los 30 meses después de dejar de trabajar en la mina para las enfermedades ocasionadas por haber trabajado allí y un finiquito. Cuando voy a su casa para hablar con él veo que no vive en ningún castillo. Tampoco tiene comedor ni una bañera. El dinero que recibió no duró más de un año. Él y su familia son una víctima más de la pobreza endémica de su país a pesar de la riqueza en su subsuelo.

Mamoudou me enseña una lista de medicamentos. Todo eso tiene que tomar. Los viejitos de su edad ya empiezan con esas cosas. Mi abuela también toma muchos medicamentos que la aburren aunque ella es mayor que Mamoudou. Sin embargo, la edad sería similar si tenemos en cuenta la diferencia en la esperanza de vida en Níger (58 años) respecto a España (82 años). Además de la lista de medicamentos, Mamoudou también me enseña un cuadernito en el que está escrito: “Carnet de suivi post-proffesionnel” (Cuaderno de seguimiento post profesional). Sólo hay una visita al médico, en 2014, y en ese cuadradito relleno de un cuaderno vacío, vacío no sólo de tinta… indica que tiene hipertensión, un problema cardiaco, el potasio bajo, un problema respiratorio y también aparece que debe hacerse un examen de corazón, otro de hígado y otro de riñones.

Tras hacerse aquellos exámenes, que pagó la empresa minera, (para él pagar aquello hubiera sido imposible), fue al médico para que le dieran los resultados y ver qué tenía. Pero no se los dieron. El doctor le dijo que los resultados habían sido enviados a la empresa (que es la que paga) y que no había copia para él. Entonces le dio esa lista de medicamentos cuyo precio me dijo que supera los 100 euros al mes, que la empresa no paga,  y volvió a casa. Sin saber qué tenía pero con unos medicamentos que dan a entender que el viejito no está bien. Así que, como no puede pagarlos se compra unos genéricos que tampoco puede comprar siempre.

Según se puede leer en el cuaderno, el seguimiento es “una visita médica cada dos años, que consiste en un examen médico, una toma de sangre y una radiografía de los pulmones”. También dice: “En el caso de que enfermedades imputables a la actividad profesional sean puestas en evidencia, los cuidados correspondientes serán totalmente asumidos de idéntica manera a la cobertura médica francesa”. Pero Mamoudou no tiene las pruebas –las tiene la empresa bien guardadas- para poner en evidencia que sus enfermedades no se deben tan sólo a la edad sino también a haber trabajado en las minas de uranio de Níger durante 25 años. Pero es que aquellas pruebas que hace la empresa no son específicas para detectar todas las enfermedades que puede ocasionar el uranio: cáncer de pulmón, de garganta, de faringe, de piel, de sangre, de huesos… problemas en el hígado, en los riñones, en el sistema digestivo; efectos en el sistema nervioso, en la reproducción… Nadie le paga los medicamentos que necesita ni tiene una indemnización ni tampoco una paga mensual.

Mamoudou me mira con esos ojos azules tan suyos mientras sostiene en sus manos aquel cuardernito vacío. Vacío de seguimiento, vacío de consultas, vacío de tinta, vacío de esperanza, vacío de justicia pero lleno de promesas, promesas que también están vacías.

Mamoudou. © María Rodríguez

Mamoudou. © María Rodríguez

(Nota: La historia de Mamoudou es sólo un ejemplo de lo que ocurre con los mineros en Níger desde que se comenzara a explotar el uranio de este país a principios a finales de los años 60 por AREVA, empresa francesa líder mundial de energía nuclear. Más del 75% de la electricidad en Francia se obtiene a través de las centrales nucleares = uranio. El 80% de AREVA pertenece al estado francés y Francia es la ex metrópoli de Níger. Son dos las filiales (las hijitas) de esta gran empresa en Níger: SOMAÏR y COMINAK. España tiene la titularidad del 10% del capital de COMINAK a través de la empresa pública Enusa (Empresa Nacional de Uranio S.A.). Mamoudou trabajó para COMINAK).


La historia de Mamadou y otros ex trabajadores, así como la realidad de las minas de uranio en Níger, ha sido publicada en el reportaje ‘Morir por radiactividad en el anonimato’ en el semanal Zazpika del diario GARA (23-08-2015)

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2 pensamientos en “El cuaderno vacío de Mamoudou

  1. Sole

    Una gota de agua en la inmensidad del oceano de las injusticias que sufren millones de personas como el protagonista de esta hermosa, real y vergonzosa história en los países abandonados de la mano de dios però no de los poderosos países que les robran sin ningún pudor las riquezas; Canadá, Francia, Estados Unidos, Alemania, etc. etc. etc. un largo etc de países explotadores que cubren sus verguenzas con ONG i subvenciones irrisorias.

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  2. Armando García de Paredes

    Y mientras todos dándonos golpes en el pecho. Qué vergüenza me da de pertenece a ese Occidente civilizado que atracan a mano armada a los paises de esa riqueza natural a la vez que pobreza humana. Luego de que nos extrañamos???? Esto va contra natura y más pronto que tarde saltar por aires.
    Enhorabuena por tu artículo y por hacernos llegar de primera mano lo que todos suponemos y que con nuestro silencio validamos.
    Insisto. Vergüenza.

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